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Enfermedad colectiva y revivificación individual. El tratamiento curativo definitivo en las tumbas de Deir el-Medina.

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La salud y la integridad del cuerpo son aspectos esenciales que preocuparon profundamente a los antiguos egipcios. La muerte prematura, las enfermedades y los padecimientos son una constante en la existencia la población, cuya esperanza de vida oscila entre los veinte y los treinta y cinco años. Se sabe que una grave enfermedad afectó a la ciudad de Amarna a finales de la Dinastía XVIII (1341- 1325 a.C.), y que se expandió despues al Oriente mediterráneo, no sin antes afectó a los súbditos, a la familia real, y también al sistema de creencias religiosas y políticas, como piensan actualmente los especialistas. La realidad de una vida caracterizada por la enfermedad, contrasta con la imagen de salud, juventud y vitalidad de los personajes de las escenas de las tumbas privadas. Los programas decorativos de las tumbas son de suma importancia, puesto que su función es la de mantener viva la personalidad del difunto para que siga participando, a través de las escenas, en la vida social. En este sentido, los egipcios creen que la momificación preserva la integridad del cuerpo, y que la vitalidad contenida en la carne de los bóvidos pasa el difunto dotándolo nuevamente de vida. Estos elementos forman parte de un aparato curativo de revivificación individual, cuyo objetivo es ayudar al difunto a superar el trance de la muerte, la última enfermedad colectiva, para alcanzar una especie de cielo para privilegiados. Analizar los componentes biológicos humanos y animales presentes en las escenas conocidas como de “vida cotidiana”, una temática drásticamente restringida en las tumbas de Deir El-Medina a principios de la Dinastia XIX, resulta muy interesante dado lo extraordinario de estas imágenes en el arte ramésida, lo que nos hace pensar en su importancia simbólico-religiosa como parte del proceso curativo definitivo, tal y como parece atestiguar Senedjem (TT1) al representarse arando con bovinos los campos del Más Allá.

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La salud y la integridad del cuerpo son aspectos esenciales que preocuparon profundamente a la sociedad del antiguo Egipto. Vivir en el valle del Nilo significa estar a expensas de la naturaleza, cuyos peligros afectan continuamente a la salud de la población. Las enfermedades y los padecimientos son una constante de la vida cotidiana, y si bien la elite vive bastantes años, la esperanza de vida del resto de la población oscila entre los veinte y los treinta y cinco años de edad, según el autor consultado. La muerte prematura acecha a la población, debido por un lado, a que las mujeres mueren en el parto; los niños por la alta mortalidad infantil; y los hombres por los accidentes laborales. Por otro lado, las enfermedades comunes fueron otro azote social, como la epidemia que pudo afectar a la ciudad de Amarna (la antigua Akhetaton) a finales de la Dinastía XVIII (1341- 1325 a.C.), y que se expandió después al Oriente mediterráneo. Se sabe que afectó a los súbditos, a la familia real, y también al sistema de creencias religiosas y políticas, como piensan actualmente los especialistas.

La realidad de una vida caracterizada por la enfermedad, contrasta con la imagen de salud, juventud y vitalidad de los personajes de las escenas de las tumbas privadas. Las actitudes y actividades representadas en los programas decorativos de las tumbas son de suma importancia, puesto que tienen la función de mantener viva la personalidad del difunto en la vida social. Así pues, los egipcios creen en una última forma de tratamiento terapéutico y definitivo, la revivificación tras el fallecimiento, una terapia preventiva que garantizaría la vida eterna en el Más Allá. Este renacimiento, si bien involucra especialmente la salud individual de aquellos que pertenecen a la elite, es una creencia religiosa compartida por toda la sociedad egipcia.

En este sentido, los egipcios creen que la momificación preserva la integridad del cuerpo, y que la vitalidad contenida en la carne de los bóvidos pasa el difunto dotándolo nuevamente de vida. Estos elementos forman parte de un aparato curativo de revivificación individual, cuyo objetivo es ayudar al difunto a superar el trance de la muerte, la última enfermedad colectiva. Algunos de los conocimientos que tienen los egipcios de los animales provienen de su domesticación. Los sacerdotes observan el movimiento autónomo de los miembros ya extirpados especialmente de bovinos, cuyos músculos se mueven aún después de la muerte del animal. De esta manera, el sacrificio de toros está intrínsecamente relacionado con la iconografía de la realeza y de la nobleza funcionarial, lo que indica la importancia que tiene para la sociedad egipcia, el movimiento y la capacidad muscular tanto de humanos como de animales, dado que los cuerpos vivos se mueven, los muertos no.

Analizar los componentes biológicos humanos y animales presentes en las escenas conocidas como de “vida cotidiana”, una temática drásticamente restringida en las tumbas de Deir El-Medina a principios de la Dinastía XIX, resulta muy interesante dado lo extraordinario de estas imágenes en el arte ramésida, lo que nos hace pensar en su importancia simbólico-religiosa como parte del proceso curativo definitivo, tal y como parece atestiguar Senedjem (TT1) al representarse arando con bovinos los campos del Más Allá.

Desde este punto de vista, el objetivo del presente estudio es analizar los componentes biológicos humanos y animales presentes en las escenas conocidas como de “vida cotidiana”, en las que el difunto se hace representar con bovinos arando los campos del Más Allá con la ayuda de dos vacas, tal y como vemos en la tumba de Senedjem (TT1). Esta temática, si bien es recurrente en las tumbas de la elite egipcia desde principios de la Dinastía V hasta finales de la Dinastía XVIII (1295 a. C.), se restringe drásticamente en Deir El-Medina a principios de la Dinastía XIX. En la mencionada tumba de Senedjem (TT1), el músculo y la fuerza física de humanos y bovinos se combinan simbólicamente en un programa decorativo con gran significado religioso, dado que los campos que está trabajando el difunto, representan un lugar paradisíaco que se habita después de la muerte, donde el cuerpo no conoce la enfermedad y la vida es plena. El análisis de estas imágenes resulta interesante, por un lado, por lo excepcional de este tema en el período ramésida, y por otro, por la pervivencia y desarrollo de una iconografía marcadamente biológica.  Lo físico como parte del proceso curativo definitivo, en el marco simbólico-religioso, asegura al individuo privilegiado, la vida en la muerte después de la muerte en la vida.

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Main author information

María Isabel Hernández Figueroa (Spain)
Universidad Nacional de Educación a Distancia, UNED (Spain) 2774
-Cofundadora e investigadora en Ispana Investigación. -Delegada de la Escuela de Doctorado de la UNED. -Investigadora predoctoral en el programa de doctorado en Historia, Historia del Arte y Territorio en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, UNED. -Máster universitario en métodos y técnicas avanzadas de investigación histórica, artística y geográfica Universidad Nacional de Educación a Distancia UNED, 2018. -Certificado Aptitud Pedagógica (C.A.P.). Universidad Alfonso X El Sabio, 2008 – 2009. Especialidad Ciencias Sociales -Licenciada en Bellas Artes. Universidad de la Laguna, Santa Cruz de Tenerife. -Experta en Grafística. Uned -Miembro de Asociación Española de Egiptología, AEDE.
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